Perdiéndome

Me perdí, no por la complejidad de sus calles ni esa lengua ajena y desconocida, tampoco fue la violencia suspendida en el aire de esta vida cruel que se inhala junto con el olor a podredumbre de este suburbio de una gran capital asiática… no tiene que ver con la ciudad, ni tan siquiera el continente, es igual en muchos sitios, tiene algo y mucho que ver con la gente.
Miradas ajenas, mundos separados por espejos, incómodos silencios, cerrojos para los labios y vendas para un corazón aturdido y cansado, angustia de las búsquedas que agotan su esperanza, tristeza del que sufre sin recordar, ilusión perdida en un trayecto a la ciudad del viento.
Me perdí, como aquel día, como cada uno, como todos… como ninguno…
Caminando por senderos llenos de lodo, sin apenas fé en los campos ni las montañas, entre calles tan grises como tu traje… y aquella tarde, paso a paso hacia un callejón marchito, gasté mis últimos zapatos, esa misma tarde me fui… sencillamente, me perdí.

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En memoria de esa gran película llamada “Lost in Translation


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