Cuánto que aprender

La vida te enseña continuamente lecciones, me viene a la mente una frase que suele decir mucho mi padre, “le llamamos casualidad cuando realmente es causalidad“, pero esas clases aleatorias que te da la vida y que parecen seguir un propósito no siempre tienen un destino, o eso o soy demasiado torpe para que todos los pasos me lleven a un punto sin círculos ni caminos sin salida. Siempre he valorado los malos momentos como los instantes ideales para sacar enseñanzas positivas, para convertir la tristeza o la desesperación en valor y coraje, fuerza para seguir adelante.

Y un día miras el mundo, y crees comprenderlo en cierto modo, y con más razón que tristeza ves la mano gris del dinero bajo casi todo y un buen puñado de corazones radiantes luchando diariamente porque exista algo más importante, pero… ¿dónde está ese amor? En las pequeñas cosas… pero como afirmarlo, todo son puntos de vista, y hoy por hoy no puedo afirmar comprender demasiado este mundo, demasiados momentos sin razón. Los años me han regalado coincidencias de esas que asustan al parecer tan cuidadosamente planeadas, una tras otra, y con ellas y el día a día vas creciendo y supongo que un día esperas que todos esos macabros planes acaben en un final genial a lo Pulp Fiction en el que de repente comprendás el porqué sino de todo, si al menos de lo sucedido.

Pero supongo que no tiene porqué llegar ese momento magistral en que el destino desvele su trama, como tampoco existen los príncipes azules ni las princesas prometidas, y si no llega ese momento… supongo que habrá que continuar las clases en la espera no de una gran revelación sino de pequeños secretos que te ayuden a caminar mañana.


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